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DON VALDIR JOSE DE CASTRO
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Ante la pregunta que hace Dios a Caín sobre su hermano, la respuesta más inmediata fue otra pregunta “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Incluso podría haber respondido con un “¿y a mí qué mi importa dónde está o que hace mi hermano? ¡Ese no es mi problema!”.

Es bien sabido que por años hemos visto la persona de Abel como el bueno y a Caín como el malo, incluso nos atrevemos a juzgar; pero si Dios viera las ofrendas o trabajos de nuestros hermanos con buenos ojos y las nuestras no ¿qué hubiéramos hecho en su caso?

Tal vez no tomaríamos un arma para hacerlo desaparecer, pero, aún así hay otras maneras de hacerlo: ignorarlo, destruir su imagen públicamente, hablar más de sus defectos que de sus virtudes, aprovechar el momento para acabar con sus posibilidades de ser mejor, tener éxito, etc. Y después de todo esto, ¿soy mejor que Caín?

Y si nos detuviéramos a observar nuestras comunidades nos daríamos cuenta de que hemos pasado de unas constituciones pensadas según el derecho canónico de 1917, que obligaba al “súbdito” a exponer cada cosa que hacía, incluso el tener que mostrar la correspondencia antes de enviarla, a una comunidad post-conciliar Vaticano II donde cada quien debe arreglarse por su propia cuenta. Pasamos de una madre que busca controlar cada movimiento de su hijo a un no soy el guardián de mi hermano.

La comunidad no consiste sólo en ver que todos se reúnen en la capilla para rezar, quizás juntos o cada cual por su cuenta, el hecho de que nos sentemos todos a comer, incluso lo más rápido posible para salir pronto de allí, o el hecho de hacer una obra apostólica juntos. Tampoco es parecer “las comadres del barrio” que están pendientes de todos los vecinos para tener algo que decir de ellos.

En cambio, es ir más allá, preocuparnos por el bienestar del prójimo. Además, si damos un vistazo a nuestras constituciones nos encontramos con que todo está orientado al apostolado, que es eminentemente comunitario, pero si nuestra vida diaria con quienes nos movemos y desenvolvemos no va bien, no es un buen arbusto, nuestro apostolado será estéril, no dará buenos frutos; es claro.

No busquemos a Jesús sólo fuera de nuestras casas religiosas, basta con encontrarlo, en primer lugar, en ese hermano que me necesita y que está muy cerca de nosotros, y que incluso me podría incomodarnos.

Por último, recordemos las palabras de nuestro padre san Pablo: “Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo” (1Cor 12,24-27).

¡Felices los que van por un camino intachable, los que siguen la ley del Señor! (Cf. Sl 119,1)


* Anderson Mendoza è novizio paolino dalla regione Venezuela, , attualmente in Albano per il noviziato internazionale.

 

In questi ultimi anni molti Istituti di vita consacrata e Società di vita apostolica hanno dovuto affrontare problemi di natura economica. Prendendo atto di tale situazione, la Congregazione per gli Istituti di vita consacrata e le Società di vita apostolica ha sollecitato gli Istituti ad assumere una maggiore consapevolezza circa la rilevanza della dimensione economica nella loro missione, fornendo criteri e indicazioni pratiche per la gestione dei beni. In tale contesto si sono inseriti due simposi internazionali sulla gestione dei beni, da cui, successivamente, sono state elaborate le “Linee Orientative per la Gestione dei beni negli Istituti di vita consacrata e nelle Società di vita apostolica” e il documento “Economia a servizio del carisma e della missione – Orientamenti”.

A esattamente un anno dalla pubblicazione degli “Orientamenti” è stato organizzato un convegno intitolato “Economia a servizio del carisma e della missione”, che si è tenuto venerdì 1° febbraio 2019 nell’aula Pio XI dell’Università Cattolica del Sacro Cuore a Milano. Ne è emerso che un’attenta gestione economica di beni e strutture non può più essere marginale al carisma e alla missione delle Congregazioni religiose. Questa è una delle più importanti urgenze richiamate chiaramente nel convegno.

Tanti gli aspetti analizzati: l’adeguamento alle normative ecclesiastiche e statali, la professionalità nella gestione dei beni senza perdere di vista il carisma della missione del proprio ordine; lo stabilire regole che prevedano il lavoro in équipe tra i superiori e gli economi in vista di una maggiore corresponsabilità; la temporaneità delle cariche per evitare di creare monopoli di gestione. Si è parlato anche della trasparenza della contabilità nella quale il “rendere conto” non vuol dire mancanza di fiducia, bensì il maggior coinvolgimento di tutta la comunità circa le scelte economiche dell’istituto in linea con il dettato evangelico.

Su questi temi, si sono confrontati gli economi generali di vari ordini e alcuni docenti universitari. Il sottoscritto, essendo stato invitato come relatore della tavola rotonda, ha presentato il concetto di lavoro in équipe nell’economato per salvaguardare trasparenza, corresponsabilità e accuratezza, basandosi sul numero 41 degli “Orientamenti” (che parla della trasparenza, fiducia e responsabilità) e sulla Priorità 4.1 del X Capitolo Generale della Società San Paolo. 

Il cardinale João Braz De Aviz, Prefetto della Congregazione per gli Istituti di Vita Consacrata e le Società di Vita Apostolica, all’apertura del menzionato convegno ha ricordato il suo colloquio con Papa Francesco in cui il Pontefice ha spiegato che gli economi devono essere professionisti, ma secondo Gesù, secondo il Vangelo. Il cardinale ha sottolineato anche che questo cammino verso una “economia nuova” è un cammino da fare insieme, è un cammino di sinodalità: «In questo cammino troviamo la verità. Non abbiamo ancora tutta luce, ma insieme la cerchiamo».

Vale davvero la pena leggere gli “Orientamenti”, che non rappresentano una lettura pesante, perché tutti siamo chiamati ad essere dei buoni amministratori delle multiformi grazie di Dio. Tutti siamo chiamati ad essere economi. Economi dei beni di grazia.

La vida comunitaria es uno de los aspectos característicos e importantes en la vida del religioso, por eso, se expondrán los puntos que se consideran sobresalientes y, con lo que se comprenderá mucho más la importancia que tiene el ambiente comunitario como promotora vocacional en la Vida Consagrada.

Amor Comunitario. “El amor de Cristo ha reunido a un gran número de discípulos para llegar a ser una sola cosa, a fin de que, en el Espíritu, con Él y gracias a Él, pudieran responder al amor del Padre a lo largo de los siglos, amándolo ‘con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas’ (Dt 6,5) y amando al prójimo ‘como a sí mismos’ (cf. Mt 22,39)” (cf. N°1. La vida fraterna en comunidad: Congregavit nos in unum Christi amor. Recopilado de http://www.vatican.va). Lo anterior presenta la línea programática importante en la construcción de una Vida Consagrada, en la fraternidad y en la comunión en el amor de Jesús Maestro, la cual converge y exige a producir muchos frutos. Estos frutos, se visualizan en los miembros de la comunidad que se esfuerzan continuamente por hacer palpable el amor trinitario, convirtiendo – a cada paulino – en un rayo de luz que imana, expande y empapa a los jóvenes, un estilo de vida diferente del que esta “publicitando” el mundo; donde la opción más divulgada es la de vivir en el individualismo, el egoísmo y la prepotencia. Por ello, es menester de todo Paulino transformarse en una especie de “Youtuber” vocacional, que transmite su experiencia en el amor comunitario a través del carisma y espiritualidad de la congregación.

Formación “Tenga en cuenta que la formación sabia también tiene en cuenta las necesidades, las circunstancias del tiempo, lugar, persona, nación (…)” (cf. Vademécum N° 342. Edizione Paoline). El beato Alberione, ve claramente la necesidad de una formación integral y permanente en la vida comunitaria, con el fin de aportar y enriquecer la Vida Consagrada del Paulino, la cual, va orientada sobre “las cuatro ruedas: Oración, Estudio, Pobreza y Apostolado”. Sin embargo, la formación no solo depende del individuo, sino que requiere de la colaboración de los demás miembros de la comunidad, los cuales, mediante prácticas como la escucha, el dialogo y la humildad colaboran en su formación humana, y se llega a crear espacios donde prima el respeto en la justicia, la gentileza, el servicio y la acogida. En otras palabras, la acogida no “solo es recibir al otro en un lugar, sino que significa ser dónde es el otro” (cf. Vocabolario della speranza. Dal Magistero di Mons. Santo Marcianò, Ordinario Militare per l'Italia. p.17. Editorial San Paolo), es decir, que la comprensión del prójimo es necesaria, debido a que, uniendo esfuerzos, se puede recorrer el camino de la vida con Cristo basándose en la caridad, para que así se produzcan frutos, los cuales, atraigan y motiven a los jóvenes a optar por la vida consagrada en el carisma paulino. 

La promoción vocacional se forja “de rodillas y caminando”: Al decir “de rodillas”, se expresa la oración asidua que debe tener el encargado vocacional de la comunidad al igual los miembros de la misma, ya que es a través de la oración que se ruega “al Padre de la viña que envié operarios a su mies”. Él es quien llama las vocaciones y las confía a las diferentes comunidades religiosas para que sean formadas y orientadas, en nuestro caso son formadas en el método de Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida. Es preciso ver como una gracia a los jóvenes que envía el Maestro Divino a la congregación, y esto implica un empeño y compromiso de todo religioso paulino, de unir esfuerzos para crear y fomentar casas de formación en buenos terrenos para que así puedan crecer y nutrir las vocaciones, lleguen a ser discípulos y apóstoles para la gloria de Dios a ejemplo de María, Reina de los Apóstoles y san Pablo. El caminar, significa la acción de impulsar creativamente la Vida de Cristo Maestro en el tiempo actual, mediante la guía del Espíritu Santo, con iniciativas que contribuyan a motivar a los jóvenes para que hagan parte de la Familia Paulina.

La Familia Paulina “Hay un estrecho parentesco... una estrecha colaboración... un vínculo íntimo de caridad, más noble que el vínculo de la sangre(cf. N°359. Documento Capitulares: Capítulo General Especial 1971). Este vínculo estrecho se fundamenta en Jesús Camino, Verdad y Vida, que nos impulsa mediante la vivencia de su amor, a formar una comunidad más extensa, como lo es la Familia Paulina. Un aspecto carismático dado por nuestro fundador el p. Santiago Alberione y que a través del Espíritu Santo recibió para el servicio de la Iglesia. La Familia Paulina hace parte de ese testimonio creíble que la vida comunitaria es representación del amor de Jesucristo que se hace palpable, en especial para la promoción vocacional hacia los jóvenes. Además, este amor de Jesús, debe impulsar al Paulino a crear puentes y deshacer todos los muros de división, por la razón que es nutricia para las otras congregaciones, institutos agregados de vida secular y los cooperadores, como se evidencia en las Constituciones. Para ello, se propone el establecimiento de espacios tales como un centro vocacional unificado de la Familia Paulina, donde como miembros de esta familia, se aporte y se participe en conjunto de iniciativas, proyectos, programas y actividades para hacer vivas cada vez más, las palabras de san Pablo: “Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo” (1 Cor 12,12).

 

Gerzon Fabián Medina Ariza é junior de la Provincia Colombia-Ecuador-Panamá.

 

 

 

Animés par le climat de l’Année Vocationnelle Paulinienne, je profite de cette occasion « pour raviver le don de Dieu que nous avons reçu » en nous posant quelques questions : aujourd’hui, quel est le sens de la présence des Disciples du Divin Maître dans la Société Saint Paul et dans la Famille Paulinienne ? Les nouvelles générations de pauliniens savent qui sont ces « Frères » ? Quelle est l’attraction vocationnelle que les Frères peuvent exercer sur elles ? Les Disciples ne seraient-ils d’autre qu’un résidu du passé ou pouvons-nous espérer dans une renaissance de cette vocation, que le Fondateur aimait définir « l’épine dorsale de la Société Saint Paul » ?  (SP, 1937). Certainement, des nombreux Pauliniens vont s’insurger face à la manifestation cette série de doutes ; je m’en vais donc lancer toute de suite tenter de redonner de l’espoir et du sens en faveur de cette vocation.

Quand le Premier Maître insistait sur le style de vie des Disciples, en leur demandant de « vivre dans un silence plus marqué, un peu à part ; de vivre dans le recueillement en s’occupant de ses propre activités, dans la simplicité, et toujours prêts à accomplir ce que le Seigneur dispose… » (Alberione, Méditation du 3-4-1962), il comptait insérer dans le contexte de la communauté paulinienne des personnes capables de vivre la vie consacrée dans son essentialité, libres de la « mondanité spirituelle, qui consiste dans la recherche, au lieu de la gloire du Seigneur, la gloire humaine et le bienêtre personnel » (Pape François, EG 93). Cette exigence n’est-elle pas aussi un défi pour le temps actuel ?

Le Fondateur savait bien qu’il fallait introduire dans le « corps paulinien » un groupe spécial de personnes appelées à être des témoins d’une exigence spécifique de notre mission : être avant tout des « disciples » de Celui que nous voulons annonces. Il est vrai que tout paulinien qui veut être apôtre doit avant tout se mettre à l’école du Maître, mais il est encore mieux si quelqu’un vit ce don avec une plus grande intensité, comme un témoignage et une « mémoire » pour tous les autres. Le Fondateur avait adopté justement cette « stratégie » : chaque fondation composant la Famille Paulinienne doit se distinguer par un don charismatique particulier et, sans en avoir l’exclusivité, doit être tout simplement témoin et mémoire pour que toutes les autres vivent aussi le même don. Par conséquent il sera plus facile de découvrir la richesse et l’actualité de la vocation des Disciples si on découvre la force mystique qui les anime. Le Bienheureux Timothée Giaccardo définissait ainsi les Frères : « Ils sont le signe (signum) de la dévotion au Divin Maître et en son l’incorporation… Ils sont le Cœur l’Institution (la Casa) ; les maltraiter c’est toucher le cœur, les négliger c’est une endocardite, les soutenir c’est fortifier le corps » (Timothée Giaccardo, Q27 TG, 7-7-46).

Être le cœur de la vie communautaire n’est pas une mince affaire ; cela justifie amplement une vocation. Les Disciples, vus sous cette lumière, peuvent retrouver leur espace vital, en vivant dans le style que le Fondateur leur avait recommandé : « ils ne feront pas de bruit, mais ils pourront diffuser partout le bonus odor Christi (le bon parfum du Christ). » (SP,1937).

Il perché di questa frase: È il versetto paolino che i Superiori generali della Famiglia Paolina hanno scelto il 20 agosto 2018 per segnare quest’anno particolare: Anno vocazionale di Famiglia Paolina; inoltre sono parole de un Paolo anziano, ormai vicino al tramonto della sua vita. Parole che rispecchiano la situazione che vivono le comunità da lui fondate. Vediamo il contesto dove si trova la frase e cosa può suggerirci per vivere questo anno di grazia.

San Paolo rivolgendosi a Timoteo scrive: “Ti ricordo di ravvivare il dono di Dio che è in te mediante la imposizione delle mani” (2 Tm 1,6). Questa espressione si trova nella Seconda lettera a Timoteo, una delle cosiddette “lettere pastorali” (1-2 Tm; Tt). Si tratta di un testo piuttosto tardivo, databile verso la fine del I secolo d.C., che si riferisce a una fase avanzata della vita ecclesiale ormai distante dall’epoca delle origini. Possiamo definirlo come il “testamento spirituale” dell’Apostolo.

Paolo ricorda a Timoteo che un giorno gli imposero le mani. E questo rito liturgico trasmetteva a lui “un dono di Dio”. L’Apostolo cerca di rincuorare Timoteo il quale, data la sua giovane età, doveva essere facilmente impressionabile per le difficoltà di ogni genere in cui si dibatteva la cristianità di Efeso. Per vincere tali difficoltà S. Paolo fa appello alla fede che prima già ha lodato in lui. In forza di questa fede Timoteo potrà ravvivare (rattizzare: l’immagine è presa dal fuoco che ha bisogno di essere continuamente alimentato, per non spegnersi) la vitalità della grazia di Dio che lo ha investito il giorno della sua consacrazione. Questa lettera testimonia un conteso ecclesiale molto faticoso e pesante. La lettera parla chiaramente di “momenti difficili” e fornisce un’esemplificazione di tale difficoltà che attraversano la vita ecclesiale: egoismi, amore del denaro, vanità, disumanità, orgoglio, religiosità di facciata, ecc. (2 Tm 3, 2-5).

La fase ecclesiale in cui è scritta questa lettera è distante dal momento aurorale delle origini, in cui la fresca sorgività del Vangelo suscitava entusiasmo e coraggio, dava forza e santa incoscienza. La novità cristiana, nei tempi delle origini, era forza propulsiva inarrestabile. Anche nelle origini di una comunità, di un istituto religioso e di una vocazione vi è normalmente un momento iniziale che è periodo di slancio profetico in cui la carità sopperisce alle difficoltà e aiuta a superare momenti critici, la fede riesce a spostare ostacoli grossi come montagne, la speranza è coraggiosa e apre scenari di futuro anche a fronte di un presente spesso attraversato da difficoltà e problemi di ogni tipo: difficoltà economiche, difficile rapporto istituzionale con la Chiesa, inesperienze, mancanza di organizzazione interna.

Alla fase delle origini delle comunità neotestamentarie ne è succeduta una seconda fase caratterizzata dallo slancio missionario, dalla creatività apostolica, dalla corsa della Parola al cui servizio tanti annunciatori si sono posti con dedizione e radicalità. Con questa “lettera pastorale” non siamo in nessuna di queste due fasi, e non siamo nemmeno nella successiva terza fase, quella della strutturazione, del consolidamento organizzativo, della ricerca di una stabilità comunitaria in vista de una durata nel tempo, del dotarsi di organismi di autorità e di procedure di governo per mantenere unito il tessuto comunitario che si andava facendo sempre più esteso e articolato. La fase ecclesiale in cui è nata questa lettera è una fase ulteriore, una quarta fase in cui nelle comunità cominciano a manifestarsi: segni di stanchezza e fenomeni di decadenza, delusioni e frustrazioni, divisioni, deviazioni e abbandoni, adesioni a dottrine erronee e casi di decadimento morale. Siamo molto lontano dall’entusiasmo iniziale. È una fase in cui il tempo passato, i decenni trascorsi dal momento iniziale hanno scavato una distanza con quel momento aurorale che fa si che la stanchezza e la delusione arrivino a primeggiare sullo sforzo innovativo e creativo del Vangelo. Per questo: Ravvivare il dono di Dio che è in te.

* José Salud Paredes, consigliere generale e presidente del SIF

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