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Todos los seres humanos nacemos con necesidades básicas. Todos estamos urgidos de alimentarnos desde el día de nuestro nacimiento, y por ello estamos en constante búsqueda de saciar nuestra hambre y sed. Ciertamente, cuando el niño viene a la luz de este mundo, lo primero que busca es el calor de su madre, el olor que emana su cuerpo; la razón es sencilla: necesita alimentarse, y el olor lo identifica con aquel ser que lo había tenido desde el vientre materno, que le dio las primeras señales de seguridad.

Con el pasar del tiempo, la creatura ya no busca el pecho de su madre para ser amantado, ya logra consumir otro tipo de alimentos, perdiendo ese sentido de “olfato-pezón”. Cabe mencionar que la alimentación dependerá luego de la que le enseñen a comer sus mayores, aquellos que tienen a cargo su educación. A menos que, por alguna razón, la persona se vea privada de consumir algún tipo alimento. La necesidad de alimentarse estará siempre presente, pero el tipo de alimento que consuma dependerá, entre otras variantes, de la educación y los condicionamientos sociales.

Algo similar pasa con la experiencia de fe, todos nacemos con hambre y sed de Dios, pero no todos tienen la experiencia de crecer en un ambiente que busca y se alimenta de Dios (Cf. Gaudium et spes 19). Ciertamente, el ambiente social nos condiciona. No obstante todo, cuando nos acercamos a Dios, nuestros hábitos cambian, nuestra forma de actuar y pensar ya no puede ser la misma; como dice la misma Escritura: “nadie puede ver a Dios y seguir viviendo” (Éxodo 33,20).  Si no hay verdadera muerte en nosotros, a los vicios, algo está pasando (Cf. Juan 12,24). Tal vez no nos estemos alimentando de la fuente correcta.

En efecto, la sed y el hambre de Dios no se agotan nunca, somos nosotros quienes libremente decidimos cambiar de alimento, hurgar entre los rincones, saciar nuestras aparentes necesidades con lo primero que se nos ofrece. No nos dejemos engañar, Dios está entre nosotros y quiere ser nuestra “vitamina”, pero somos débiles y preferimos, muchas veces, buscar “la puerta amplia” (Cf. Mateo 7,13), aquella que llena superficialmente nuestros vacíos.

La buena alimentación es permanente, no existen días sí y días no, pero en el caso de que esto suceda, los expertos recomiendan que se doble el esfuerzo por eliminar de nuestro cuerpo aquello que debilita nuestra salud física. Por tanto, si llegamos a fallar en el intento por ser mejores cristianos, debemos tomar un poco de aire y seguir adelante, pero esta vez con más atención y mayor convicción. ¡Fuerza! Dios espera por nosotros.

Agenda Paolina

14 Agosto 2018

Memoria di S. Massimiliano Maria Kolbe, sacerdote e martire (rosso)
Ez 2,8–3,4; Sal 118; Mt 18,1-5.10.12-14

14 Agosto 2018

* PD: 1975 a Cúcuta (Colombia).

14 Agosto 2018

SSP: D. Salvatore Alessandria (1966) - D. Antonio Diaferia (1990) - Fr. Giancarlo Cavazza (1992) - D. Pio Bracchi (2001) - Fr. Rosario Scarnato (2009) - D. Virgílio Tito da Silva Ribeiro (2011) • FSP: Sr. Elvira Pusceddu (1979) - Sr. Marcella Voerzio (1980) - Sr. M. Palma Salzani (1983) - Sr. M. Rosangela Natsuko Isano (1996) - Sr. Mary Joseph Shirai (2000) - Sr. M. Claudia Parco (2010) • PD: Sr. M. Zelia Calafiore (2016).